ANTES Y DESPUÉS DE LAS VOTACIONES EN MI PAÍS. 2DA PARTE
- Darío López
- 24 jul 2023
- 3 min de lectura
LA RESPONSABILIDAD DE TODO CRISTIANO.
@DAR Darío López

4. VIVAMOS UNA VIDA DE TESTIMONIO.
Se reconoce que en esta tierra no hay justos, todos nos hemos fallado. Sin embargo, a través de la reconciliación con Dios mediante Jesús y su sacrificio en la cruz, se nos llama a vivir en santidad y a cumplir los dos mandamientos fundamentales: amar a Dios con todo nuestro ser y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
El llamado a vivir en santidad implica llevar una vida que refleje los valores y principios del Reino de Dios. Se anima a los cristianos a ser luz en todos los lugares donde se encuentren. Esto implica ser una influencia positiva y constructiva en la sociedad, mostrando el amor y la compasión de Cristo a través de sus acciones y actitudes. La vida de testimonio cristiano debe brillar, siendo un reflejo visible de su amor y gracia.
Además de vivir una vida de testimonio, se destaca la importancia de predicar el evangelio. Los cristianos son llamados a compartir la buena noticia de la salvación en Jesús, proclamando su mensaje de amor, perdón y reconciliación. La transformación de la sociedad no solo ocurre a través del ejemplo, sino también a través del testimonio verbal del evangelio, invitando a otros a conocer y seguir a Cristo.
5. PARTICIPE.
Se reconoce que muchos creyentes trabajan en el gobierno y lo hacen con excelencia, entendiendo que trabajar para el gobierno no es algo indigno, siempre y cuando se actúe de manera digna.
En el caso de aquellos que sienten el llamado a participar políticamente en cargos de elección popular, se les anima a hacerlo por el bien de su nación. Sin embargo, se enfatiza que esta participación debe ser llevada a cabo con una actitud y un enfoque adecuado. Se insta a hacerlo como para Dios, en el nombre de Dios y con buena voluntad.
Esto implica que los creyentes que participan en la política deben hacerlo con una motivación centrada en servir y honrar a Dios, en lugar de buscar poder o beneficio personal. La participación política debe estar arraigada en una base ética sólida y en una búsqueda genuina del bienestar común.
Además, se hace hincapié en que la participación política debe ser coherente con el carácter de justicia y santidad de nuestro Señor. Los creyentes no deben proclamarse cristianos y luego contradecir su fe a través de comentarios y acciones que no reflejen los valores y principios del Evangelio. Se subraya la importancia de vivir de acuerdo con los frutos del Espíritu Santo.
Se destaca que el testimonio cristiano no se limita a palabras, sino que se manifiesta a través de las acciones y los frutos que se producen. Por lo tanto, aquellos que deseen participar en la política deben ser conscientes de que su comportamiento y sus decisiones deben reflejar los valores del Reino de Dios y ser coherentes con su profesión de fe.
6. Y FINALMENTE, ORE.
La oración es importante, no solo en época de elecciones, sino de manera constante. Dios nos manda a orar por las autoridades de gobierno, con el propósito de que conozcan a Jesús como su Salvador y mediador entre Dios y los hombres. La oración por los gobernantes y autoridades se fundamenta en el reconocimiento de que son una extensión de la justicia de Dios.
Se resalta que los justos deberían disfrutar de un buen gobierno, mientras que los injustos deberían temer a Dios y a su justicia manifestada a través de las autoridades. La oración por los gobernantes tiene como objetivo buscar la paz y la tranquilidad en la sociedad, permitiendo así llevar una vida piadosa y digna.
Se nos insta a realizar plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y autoridades. Esta práctica de oración es considerada buena y agradable a Dios. Al orar por los gobernantes, se busca su bienestar espiritual, así como la sabiduría y el discernimiento necesarios para tomar decisiones justas y equitativas.
La oración por las autoridades también es una forma de mostrar obediencia a Dios y confiar en su soberanía sobre los asuntos gubernamentales. A través de la oración, los creyentes reconocen que Dios tiene el control último y que él puede influir en las decisiones y acciones de los gobernantes.




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